Historia del tenis de mesa

Contrariamente a lo que ocurre en deportes como el fútbol o el básquetbol, cuyos orígenes se conocen de forma bastante precisa, los inicios del tenis de mesa no están claramente definidos.

La tesis que mayor aceptación tiene es la de que este deporte surgió de manera puramente accidental en Inglaterra, allá por el año 1870. Se cree que, ante la imposibilidad de jugar por la lluvia, un grupo de jugadores de tenis improvisaron una variante de este deporte bajo cubierto, utilizando una mesa cuadrada y colocando en el centro una cuerda atada a unos palos que hacía las funciones de red.

No se sabe con certeza qué artilugios utilizaron a modo de raquetas y pelotas, y en este sentido hay todo tipo de hipótesis, pero lo importante es que esta variación del tenis tuvo una rápida aceptación entre los estudiantes universitarios, que no tardaron en extender la práctica de este juego por todo el país.

Apenas 15 años más tarde de este accidental nacimiento del juego, en 1884, salía al mercado un juego de tenis de salón, y un año después, James Devonshire patentaba el «Table Tennis» o tenis de mesa, otorgándole así, por primera vez al juego la denominación que posee actualmente.

Sin embargo el juego como tal todavía estaba lejos de ser lo que es hoy en día. En 1891 Charles Bater diseñó una versión en la que las bolas eran de corcho y James Gibb, un popular atleta de la época jugaba a algo similar al tenis de mesa actual, pero con pelotas de goma y unas raquetas muy distintas, de mango muy alargado.

El propio Gibb, durante un viaje a Estados Unidos, descubrió las pelotas de celuloide, las cuales cosecharon un éxito inmediato. También es suya la autoría del término “Ping pong”, con el que comenzó a conocerse este deporte, y que se basó en el sonido que emitía la pelota al impactar en la raqueta y en la mesa sucesivamente.

Para comienzos de siglo XX ya se celebraban torneos multitudinarios de este deporte y se publicaba la primera revista especializada. También en esta misma época aparecen las primeras raquetas recubiertas de goma o caucho.

En 1926 se fundaba la asociación inglesa de tenis de mesa, que fue la encargada de emitir reglas y estatutos reguladores del juego. Un juego que alcanzaría su momento más álgido con la inclusión como deporte olímpico en 1988.